HISTORIA

La actual Basílica Pontificia de San Miguel, Monumento Nacional por Real Decreto 28 de noviembre de 1984, es una de las iglesias más hermosas de Madrid, que cuenta con pocos templos de esta categoría artística. Se eleva sobre el solar de la antigua parroquia de los santos Justo y Pastor (s. XIII), que fue derribada a finales del siglo XVII.

Se trata de una creación del mejor barroco italiano del siglo XVIII, edificada por impulso de la reina Isabel de Farnesio cuando su hijo D. Luis Antonio de Borbón -hermano del rey Carlos III- era Arzobispo de Toledo, diócesis que incluía Madrid. Se comenzó a construir en 1739 y se terminó hacia 1746.

La propuesta innovadora y llena de sorpresas de sus arquitectos italianos, contrasta con la arquitectura más habitual de nuestro barroco madrileño, mucho más sobrio y más previsible, y que había concentrado la decoración de sus fachadas en las elaboradas portadas.

El proyecto arquitectónico es del italiano Giacomo Bonavia, aunque se basa en un proyecto previo de Teodoro de Ardemans. Bonavia dirige la construcción del subsuelo de la cripta, el basamento de la iglesia, las seis capillas de la nave con sus pilastras, la cubierta de madera y la fachada. El resto lo realizó su discípulo Virgilio Rabaglio bajo su supervisión.

El espacio disponible para la edificación del templo –limitado, a pesar del añadido el antiguo cementerio parroquial– obligó a adoptar unas soluciones efectistas dándole una perspectiva espacial grandiosa. Revolucionó así el tradicional modo de proyectar de los arquitectos barrocos españoles.

En 1892, pasó a depender de la Santa Sede y el Papa León XIII dispuso que se dedicara a San Miguel Arcángel y quedó adscrita a la Nunciatura Apostólica en España, que encomendó su atención a los PP. Redentoristas. El Estado español la entregó como compensación por haber sido derribada, en el año 1885, la iglesia de San Pedro y el Hospital de los Italianos en la carrera de San Jerónimo, institución que desde el siglo XVI estaba adscrita a la Nunciatura.

El 19 de octubre de 1930 le fue concedido por el Papa Pío XI el título de Basílica Menor a la Iglesia de San Miguel, siendo Nuncio Mons. Tedeschini. Desde entonces figura como Basílica Pontificia de San Miguel.

A finales de 1959 fue encomendada al Opus Dei la atención de la Basílica, siendo Nuncio Apostólico Mons. Hildebrando Antoniutti.