ADORACIÓN DE LA EUCARISTÍA

Día: todos los jueves, de 1 de octubre al 30 de junio.

Hora: 19:30 a 20:15 h.

“La Eucaristía (...) es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura. Para lograrlo, es necesario que cada fiel asimile, en la meditación personal y comunitaria, los valores que la Eucaristía expresa, las actitudes que inspira, los propósitos de vida que suscita” (San Juan Pablo II, Quédate con nosotros”, n. 25).

Asimilar el don de la Eucaristía no es una tarea intelectual, sin más, sino un descubrimiento que transfigura nuestra existencia si nos dejamos impregnar por esa realidad con una actitud existencial de agradecimiento, que adora libremente y sin reservas tratando de corresponder a un Amor tan grande que se nos entrega sin reservas sin exigir nada a cambio. En palabras de un escrito del siglo pasado, “el sacramento de la Eucaristía no tiene como fin transformar a Dios en sustancia humana, sino transformar la sustancia humana en Dios. Para que produzca sus frutos, hay que acercarse al misterio en actitud de entrega, de una entrega voluntaria: comerlo, sabiéndose a la vez comido, porque el alimento divino es devorador como el fuego que destruye y transforma en sí mismo todo lo que toca: es preciso dejarse comer por ese alimento” (Gustave Thibon, Nuestra mirada ciega ante la luz. Madrid 1973, p. 89).

Aprender a adorar, enseñar a adorar. Con todo el ser. Desde lo más hondo del corazón. En un silencio agradecido, gustosa y libremente entregados a la grandeza de su Amor que siempre reconforta. La Adoración de la Eucaristía es un “saber estar” en la presencia real de un Dios, que se entrega sin condiciones. Es la respuesta libre a esa entrega que quiere ser más íntima a nosotros mismos que nuestro propio yo. Momentos en que se tendría que hacer realidad el verso de San Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual: “la música callada, la soledad sonora”. O el decir de San Josemaría Escrivá: “se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio” (San Josemaría Escrivá, Hacia la santidad. Liturgia de las Horas del 26 de junio).